marzo 11, 2017 admin_hg

La Ciencia en un Chile dormido

 Por Hita Barraza Venegas

 

 

Es increíble retroceder y comparar la sociedad de hace 20 años con lo que vemos hoy en día. Pareciera que cada vez la vida se vuelve más exigente, pero la ciencia y tecnología nos ayudan a lidiar con estas exigencias y vuelven todo un tanto más cómodo, seguro y confiable. Afortunadamente, vivimos en un país que posee recursos naturales, por lo que se genera trabajo en torno a ellos. Pero, ¿qué hacemos con los recursos si no investigamos acerca de ellos? Nos transformamos en un territorio explotable por otros. Es cierto que nuestro país avanza a pasos agigantados en comparación con el resto de Sudamérica. He escuchado muchos extranjeros decir que Chile posee seguridad económica y social y que, además, genera investigación y desarrollo mediante programas del gobierno para capital humano avanzado y proyectos que apoyan las iniciativas científicas. Me pregunto por qué la imagen vale más que los hechos y como un gobierno controla esta bola de nieve que pronto los va a aplastar. El PIB que nuestro país invierte en ciencia es de 0.35%. Con este aporte estatal se debe abastecer toda la comunidad científica que trabaja en universidades a lo largo del país, sin considerar el alto porcentaje de doctores y capital humano avanzado que se está formando en Chile y el extranjero. El proyecto ambicioso de capacitar a profesionales con alto grado académico no se condice con las oportunidades laborales que ofrece nuestro país. Es casi imposible la inserción, tomando en cuenta que los programas de capital humano avanzado del gobierno tienen en formación cerca de 4500 estudiantes, quienes representan un 25% aproximado del total de profesores universitarios del país. La pregunta es, ¿por qué el Gobierno tomó esta decisión que solo indica una ambición de imagen y estabilidad? ¿En qué trabajan estos profesionales?, ¿cómo es el regreso a Chile?, ¿se pudo prever esta situación?

Mientras miles de estudiantes se siguen formando para obtener sus grados tanto en Chile como en el extranjero, en nuestro país hay necesidades básicas de la ciudadanía aún no suplidas. Me pregunto entonces, ¿son el desarrollo científico e innovación temas importantes para el Gobierno como para generar Políticas Públicas al respecto? Mientras yo me pregunto esto, imagino que en el Gobierno saben muy bien la respuesta y en las universidades, miles de trabajadores del área científica reciben pagos por honorarios, sueldos que no superan los $500.000 y no poseen previsión social ni de salud.

Si alguno de los lectores de esta columna de opinión se pregunta por qué necesitamos desarrollo científico e innovación le puedo responder que es muy válida su pregunta. Muchas veces no tenemos claro que hace un grupo de personas encerrada en un laboratorio (sea cual sea el área de la ciencia que estudian). Pues bien, no los juzgo, porque en un país que está acostumbrado a la generación de trabajo en torno a los recursos naturales existentes, difícil es generar una visión a futuro. ¿Qué va a pasar el día en que no podamos vivir de lo que tenemos ya que se ha acabado? La tecnología avanza a pasos agigantados y las economías mundiales se mueven en torno a los avances tecnológicos y los recursos naturales. La importación de energía, cobre, alimentos se vuelve esencial cuando hablamos de economía. Chile tiene todo esto, pero ¿qué pasará el día en que se acabe? Tenemos a los profesionales capacitados, las universidades, docentes con vasta experiencia, un sistema de becas para formar investigadores y problemas latentes en cuanto a los recursos naturales que mueven la economía de este país, pero no poseemos políticas públicas para ordenar las materias científicas.

Basta solo mirar a nuestro alrededor y ver cuantas necesidades existen en nuestro país. Cuantos recursos tenemos a nuestra disposición e imaginar lo que podrían lograr grupos de trabajo colaborativos entre las universidades nacionales. Los resultados de una organización de este tipo resultarían en descubrimientos y/o soluciones asombrosas, al servicio de todo el país, independizándonos económicamente en muchos ámbitos. Hoy, las grandes iniciativas científicas que unen casas de estudio en torno a una problemática real, son iniciativas de privados ya que no existe una entidad gubernamental que encause la contingencia científica. Los proyectos científicos, por otro lado, llegan a su fin sin tener direccionalidad, pues los fondos se acaban, las políticas públicas mutan, el científico sigue esperando que se respete su gran deseo de aportar a esta sociedad y Chile sigue dormido, pensando que la gallina nunca dejará de poner huevos de oro.

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